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20th Century Boys

Reseña traída a ustedes por Gerardo Audelo
18 May, 2017

9

Review: 20th Century Boys
Seinen  (1999 – 2006)
Número de volúmenes: 20 + 2

 

One-Shot Comics les presenta el review sin spoilers de los 20 tomos de 20th Century Boys y su epílogo 21st Century Boys que consta de 2 tomos, con arte e historia de Naoki Urasawa como lo publicó Editorial Panini de México.

La presentación física es la sobradamente discutida calidad Panini México (cartón mate para la portada, papel periódico para los interiores). Los lomos son negros con tipografía en blanco, lo que da una vista uniforme y limpia que facilita la consulta futura (y créanme, lo harán). Los interiores son a blanco y negro, portada a color.  Nadie dirá que es espectacular, pero cumple a un precio razonable (buena parte de la serie tiene precio de portada de $69, con el primer incremento pasando la mitad de los números).

 

 

La contraportada presenta una de las descripciones más traicioneras que se han escrito: el manga definitivamente no es una ‘historia de aventuras científicas’. En ningún momento se explica la cuestionable ciencia caricaturesca de la serie, si bien aparece poco y es poco relevante. En realidad, es una historia sobre un grupo de amigos de la infancia que se reunen en el futuro para defender al mundo como lo conocemos, igual a como lo hacían (imaginariamente, al menos) de niños.

Lo primero que salta a la mente al leer a estos personajes es lo promedio que se ven: están tan lejos del estereotipo de héroes que no ve uno cómo pueden ser los encargados de defender Japón: Kenji, el líder, tiene la cara de perdedor que Stan Lee imaginó para Peter Parker antes de la mordida radiactiva y el resto de los niños parecen los jugadores de las películas de The Mighty Ducks (disculpen la referencia tan vieja). Curiosamente, los dos personajes principales femeninos tienen gran fuerza física y mental, algo inusual en una cultura con roles de género en ocasiones medievales. Es excelente leer personajes femeninos con iniciativa, habilidad y carisma en un mundo post-Kardashian.

El villano, un individuo conocido como Amigo, tiene origen en la infancia de los personajes, pero su identidad es confusa y no queda del todo claro hasta los últimos números de la serie. Amigo tampoco es el habitual villano que se frota las manos y es malo por default: conforme leemos la historia entendemos sus motivos e incluso podemos llegar a sentir empatía por el hombre, por injustificables que sean sus medios. A su manera, es similar a Magneto de los X-Men: a veces  pedimos su cabeza y otras queremos unirnos a su equipo; es un villano que aunque aparece poco, se gana un buen lugar en el panteón de enemigos a vencer que quisieramos no tener que derrotar. Si descifran su verdadera identidad antes del número final, se ganan un no-prize.

La trama avanza a zancadas a través de los tomos: unas páginas pueden tratar sobre los niños y su base secreta en un terreno baldío (muy Stand by Me o The Goonies) y las siguientes sobre un policía que investiga asesinatos décadas más tarde. Esto permite la comparación entre la versión infantil y adulta de la mayoría de los personajes: podemos ver como algunos han cambiado a lo largo de los años y otros permanecen constantes. Igual que en la vida real, ¿no?

 

 

La comparación más precisa que se me ocurre para la trama es con Lost, pues el autor nos da piezas de rompecabezas que parecen pertenecer a diferentes imágenes pero cuyas piezas faltantes están un paso adelante para el lector y al final de cada volumen nos entrega otro puño para intentar descifrar los misterios. Este tipo de historias suelen estar plagadas de inconsistencias y sacadas de manga improvisadas (como en el caso de, pues, Lost) pero Urasawa es un maestro de la vieja escuela: es evidente al final de la serie que tenía bien delimitada la trama desde el primer número y cada tomo tiene la cantidad exacta de drama, tensión y escenas que cambian como vemos a los personajes planeadas con anticipación y nos invitan a seguir leyendo sin parar, cual serie de Netflix.
El arte es definitivamente otro de los grandes aciertos: Urasawa tiene una capacidad para transformar situaciones mundanas en momentos épicos con secuencias perfectas donde la acción es clara y las transiciones excelentes, el habitual talón de aquiles de cualquier serie donde se desplaza de lugar y tiempo de una página a otra. Si es 1986 o 1999, lo sabemos por la arquitectura, posters de fondo y forma de vestir de la gente sin necesidad de letreros delatores o que la gente grite la fecha cada página.

Las expresiones faciales son bastante exageradas, sin llegar al ridículo de series contemporáneas, pero sumada a la abrumadora habilidad del maestro Urasawa de crear decenas de personajes, cada uno fácilmente identificable tanto de niño como de adulto, crea un estilo único e irrepetible. Francamente, en más de 20 años de leer comics y manga, jamás encontré un autor que pueda crear tantas variantes de ojos, narices y peinados sin repetir y de acuerdo a la personalidad de cada personaje, otorgando a su historia una profundidad y realismo innigualable. Nada de peinados ridículos con colores del catálogo Ferrari para identificar a uno u otro: todas las personas de el mundo de 20th CB son distintas.

 

 

Los fondos son detallados y libres de errores de perspectiva, algo que aunque en la actualidad se da por hecho con los fondos fotográficos retocados por computadora (piensen en Gantz), es muestra inequívoca de que 20th CB supera la prueba del tiempo.

Las portadas, eso sí, están lejos de ser espectaculares con figuras sencillas carentes de contexto en un fondo que no cambia a lo largo de 20 numeros que al principio no invitan demasiado al lector. Incluso llega a aparecer el fenómeno de “¿ya tengo este volumen?” por su parecido y es quizá el punto más flojo de la serie. Al no ser particularmente llamativas, es fácil explicar el por qué la serie no es tan famosa fuera de su país de origen a pesar de haber sido adaptado al cine y animación.

En resumen, si quieren leer una serie con suspenso, canciones de Dylan y Bowie, ciencia loca, decenas de personajes que se sienten humanos, falibles y que tienen tanto interés de defender al mundo como un adolescente de hacer un reporte de Pedro Páramo y en general, una historia con pistas que inciten a la labor detectivesca del lector, pocas joyas del arte secuencial como 20th Century Boys.

Calificación: 9.0/10

@GerardoAudelo